jueves, 3 de octubre de 2013

M'HIJO EL PAYASO (versión hardcore)

INT. SALA DE ESPERA SALA DE PARTOS – NOCHE

Sala de espera de un hospital en ruinas. Un PAYASO (27) camina nervioso de un lado a otro. Lleva puesta una enorme nariz roja y un gorro de aviador. Viste saco de leñador, pantalones de jean calzados por encima del ombligo, sostenidos por un par de tiradores azules que cruzan por delante de una remera lisa naranja. Zapatos marrones. El PAYASO detiene su andar, mira a derecha hacia una puerta ancha de un blanco percudido con un letrero que reza “SALA DE PARTOS”. Junto a la puerta dos carteles: uno de una NURSE (30) de mirada dulce pidiendo silencio con su dedo índice; el otro un oxidado “PROHIBIDO FUMAR”.  Nervioso saca un paquete de tabaco y hojillas. Comienza a armar, pasa la lengua, saca una cajilla de fósforos pero antes de prender el cigarrillo escucha que alguien le chista. Vuelve a mirar a derecha, esta vez enfoca su vista en la NURSE del cartel Su postura ha cambiado, su entrecejo está fruncido, sus labios apretados, su dedo señala a izquierda. El PAYASO (aún con el cigarrillo en la boca) se refriega los ojos con la manga del saco, no puede creer lo que está viendo. Recorre con la mirada en la dirección indicada por el dedo de la NURSE, ésta señala el cartel de “PROHIBIDO FUMAR”. El PAYASO, atónito, desarma con los dedos el cigarrillo mientras observa caer el tabaco al suelo. Se escucha la puerta abrir y gritos de mujer antes de que vuelva a cerrarse. El PAYASO gira la cabeza de inmediato, apunta sus ojos hasta la puerta de la sala de partos y sale hacia ella disparado. Una ENFERMERA (27) aparece recostada contra la puerta, se la ve agobiada. Lleva puesto un tapabocas, un sombrero de nurse, su uniforme percudido (pantalón y túnica). El PAYASO se acerca, se quita el gorro (vemos que está peinado con gel hacia atrás), tamborilea sobre él con dedos nerviosos, mira a la ENFERMERA, le habla pero de su boca sale un gracioso e inentendible chiflido.

SUBTÍTULOS PAYASO

¿Alguna noticia de mi pibe?

La ENFERMERA lo mira extrañada, se baja el tapabocas, saca del bolsillo de su túnica una petaca de whisky, bebe un sorbo y vuelve a entrar a la sala. Se escuchan los gritos, el PAYASO trata de espiar hacia adentro. La puerta se cierra.
El PAYASO mira enfadado el cartel de la NURSE (volvió a su posición inicial).  Saca su tabaco y sus hojillas, se arma un cigarro. La NURSE vuelve a chistar. El PAYASO la mira, la NURSE señala el “PROHIBIDO FUMAR”. El PAYASO saca el cigarro de su boca, de inmediato se coloca de perfil, acerca su mano cerrada a sus labios y comienza a soplar como si estuviese inflando su puño. A medida que sopla su dedo mayor se levanta hasta quedar bien paradito, apuntando a la NURSE en claro gesto obsceno. El PAYASO le dirige una mirada desafiante, vuelve a colocar el cigarro en su boca, saca sus fósforos y lo enciende. La NURSE cambia nuevamente de postura, ahora sus manos forman un arco alrededor de su boca, como si estuviese hablando al tiempo que amplifica lo que dice. Por los altavoces se escucha la voz de la NURSE.
NURSE (OFF)

Enfermera Beatriz Galván presentarse en sala de espera. Enfermera Beatriz Galván presentarse en sala de espera. Gracias.

La ENFERMERA entra en la sala de espera, se escuchan jadeos de mujer los cuales cesan al cerrar la puerta de la sala de partos. El PAYASO gira dándole la espalda, continúa con el cigarrillo en la boca, pita nervioso. Detrás de sí la ENFERMERA olfatea el aire, dirige una mirada inquisidora hacia el PAYASO y camina enérgica hacia él. Lo voltea del hombro. Quedan cara a cara. El PAYASO se mantiene inmóvil, sonríe como sí nada. La ENFERMERA se baja el tapabocas, lo observa con rostro de piedra, inexpresiva, le saca el cigarro de la boca, fuma una pitada profunda, lo tira al suelo y aplasta. Escupe el humo al PAYASO, quien tose torpemente. La ENFERMERA entra a la sala de partos. El PAYASO, con los labios caídos y las cejas curvadas hacia abajo mira a la NURSE, quien ha vuelto a su posición inicial.
El PAYASO camina nervioso de un lado a otro, detiene su andar, lleva nuevamente la mano al bolsillo de donde antes sacó su tabaco. Siente un chistido. La NURSE señala nuevamente el cartel de PROHIBIDO FUMAR. El PAYASO se detiene, acaricia su mentón pensativo, mira el cartel de la NURSE, sonríe irónico y busca en su otro bolsillo. Esta vez en lugar de tabaco saca un globo color azul. Comienza a inflarlo, cuando va por la mitad aprieta los bordes del orificio por donde se infla, dejando escapar un molesto silbido. La NURSE vuelve a pedir silencio, ahora con mirada furiosa. El PAYASO infla el globo y cuando está lo suficientemente grande lo ata y deja caer al suelo. Acompaña la caída con la mirada, ríe ansioso. Repite la acción con infinidad de globos de diferentes colores.
La ENFERMERA sale de la sala de partos con un bulto envuelto en sábanas. El PAYASO suelta un globo a medio inflar, camina acelerado hasta la ENFERMERA, se para de golpe, no aparta la mirada del bulto y con los dedos tamborilea nervioso sobre su gorro. La ENFERMERA mira a su alrededor espantada, ¡toda la sala de espera está llena de globos! Da el bulto al PAYASO como quien pasa una bolsa de papas. El PAYASO comienza a hablar eufórico, de su boca vuelve a salir ese gracioso chiflido.

SUBTÍTULOS PAYASO

¡Mi hijo, al fin! ¡Soy padre, soy padre!

La ENFERMERA parece haberse vuelto loca, aplasta los globos tras el PAYASO, quien corre las sábanas descubriendo a su HIJO. El HIJO tiene la cara pintada de blanco con una lágrima negra bajo un ojo, lleva un bombín oscuro, camisa blanca y moño rojo. El PAYASO comienza a chiflar angustiado.

SUBTÍTULOS PAYASO

¡Pero este niño no es un payaso, es un mimo! ¡Es un mimo!

El PAYASO mira a su alrededor con el HIJO en brazos, chifla desesperado.
SUBTÍTULOS
¡Che este pibe no es mío! ¡Este pibe no es mío! ¡No es mío. No es míoooooooooooooo!

El cartel de la NURSE, una vez más, ha cambiado de postura, ahora sonríe maléfica mientras hace cuernitos con una mano sobre su cabeza.

FIN





CRÉDITOS
Al finalizar el corto, mientras pasan los créditos vemos subtítulos en la zona inferior de la pantalla.

SUBTÍTULOS


El tipo era payaso, pero el hijo le salió mimo. O sea, la mujer lo cagó. Para mí el final se entiende, pero el director me pidió que les explicara por las dudas. Me llamo Victor, soy el señor de los subtítulos, tengo 40, mido 1-68, ojos verdes, vivo en la Unión. Busco mujer entre 20 y 50 para relación seria.

jueves, 1 de agosto de 2013

Charla de dos tipos que no saben nada

LUIS- No me siento capacitado para votar la aprobación o no del asunto.
NACHO- ¿Por qué lo decís?
L- ¡No tenemos datos!
N- ¡Sobran datos, pero hay que buscar, informarse!
L- Te estoy hablando de datos crudos, sin interpretación mediante. Capaz que podés conseguir datos fiables pero si investigás profundamente y por tu cuenta. Incluso así veo complicado que yo pueda llegar a sentirme capacitado para decidir en un asunto como este.
N- ¿Decís que con los datos que podés recoger de los informativos, los diarios, las radios y de internet, no podés colocarte en un punto medio entre una postura y otra y llegar a razonamientos y conclusiones más objetivas?
L- Hacer eso sería una especulación y nada más que eso, el punto medio entre una postura y otra no tiene por qué ser lo más cercano a la realidad, y si así lo fuera de todos modos seguiría sin ser la verdad en sí misma. No podés confiar en lo que sale en los medios, el periodista es un empleado que trabaja para una empresa, la empresa vive en gran medida de la publicidad, es decir, el periodista no habla por él, habla por la empresa y la empresa a su vez debe hablar por las corporaciones que la financian.  Si yo te banco el alquiler de tu almacén y vos ponés un cartel en la entrada que dice “Luis le pega a su mujer”, me estás perjudicando, me van a meter en cana por tu cumpla, lo más lógico es que te deje de pagar el alquiler (y que aparte te mande pegar). Es una locura, pero no estoy diciendo nada que nadie sepa si digo que los medios masivos tienen intereses creados a la hora de largar la información, intereses económicos y políticos. Pensá otra cosa, ¿de dónde se saca la plata para las campañas políticas? Algún subsidio tendrán, pero nada de todo eso es gratis. Los militantes no financian las campañas políticas, podrán aportar o no, ¿pero cuánto? Nada, o casi nada ¿Sabés cuánto sale el segundo al aire en la tanda comercial en hora pico?
N- No ¿cuánto?
L- Ni idea, pero seguro que carísimo.
N- Si, seguro, y esa plata para las campañas sale también de las corporaciones
L- Ni idea, pero de algún lado tiene que salir tanta guita para televisión, radio, cartelería, y si la guita no sale de los militantes ni del bolsillo de los políticos…
N- Ojo, capaz que los políticos ponen guita para las campañas
L- Poner deben de poner, supongo, algo aunque sea, pero estamos hablando de mucha guita, campañas a nivel país, con más presencia en los medios que un shopping que acaba de abrir ¡No seas malo, es mucha guita, ni Coca Cola hace campañas a esas escalas en un sólo país!
N- Seguro hay empresas que financian las campañas.
L- ¿Y por qué? ¿Por ideología? ¿Hay empresarios ricos y de izquierda? Porque alguien financia también las campañas de izquierda ¿Cómo se puede ser de izquierda y rico al mismo tiempo sin caer en la contradicción?

N- Volviendo al tema de los datos y esa cuestión ¿Qué pasa con internet? Ahí depende de uno hacerse con la información y poder discriminar que es fiable y que no.
L- Claro, internet por el momento está bastante democratizado, igual se hace difícil conseguir fuentes fiables, aunque las encontraras ¿cómo harías para comprobar realmente su fiabilidad? Además reconocer o no la fiabilidad de una fuente de información depende también de la persona, mi hermano, por ejemplo, llega a ver en youtube un tipo disfrazado de doctor diciendo que la masturbación causa daños cerebrales permanentes y se deja de hacer la paja.
L- Jaja, es cierto, hay mucha información en internet, es difícil elegir que tomar en serio con tanta cosa junta, ni hablemos si tus parámetros más altos de fiabilidad están delimitados por el “Yahoo Respuestas”.

N- ¿Me entendés ahora?
L- Si, es verdad, creo que yo tampoco estoy capacitado para votar. 
N- Ojo, capaz que hay gente que lo está, gente que tiene la posta…
L- Y nosotros somos tremendos giles…
N- Lo somos

miércoles, 31 de julio de 2013

Charla al bajar de un bondi

HUGO: ¿Te diste cuánta la cantidad de cosas que pasan en un bondi?
ELIANA: Si, de todo
H: ¿Por qué casi no se ven escenas ni en cine ni en televisión que pasen arribe de un bondi?
E: En las películas yankees y europeas se ven bastantes escenas en estaciones y en trenes o subtes
H: Pero en las comedias venezolanas, mexicanas, en las brasileras o las argentinas,  ¿cuántas escenas arriba de un tren has visto?
E: No sé, no me he fijado, pero unas cuantas supongo
H: No, ni ahí, estoy seguro que casi no existen ni bondis ni trenes en el cine latinoamericano y mucho menos en la tele
E: No sé, nunca presté atención 
H: Creme, es así, hay miles de escenas de charlas arriba de un taxi o en autos, pero no en bondis ni en trenes ni en subtes. Me acuerdo de "Onibus 174", la película brasilera, pero ahí el tema no pasa por la dinámica diaria del bondi...

E: Capaz que se complica porque en Latinoamérica viaja mucha más gente en trenes, no se puede parar el recorrido de un tren para una filmación, y grabar en un bondi te deja con muy poco espacio para luces y esas cosas.
H: ¿Y por qué no graban de noche cuando los trenes están apagados?
E: Yo que sé
H: Otra cosa, grabar en un bondi no debe ser lo más cómodo del mundo, pero en el cine y la televisión latinoamericana hay escenas de acción, baleadas, persecuciones, miles de momentos que fueron filmados en baños diminutos, y un montón de otras cosas, que ahora no me vienen a la mente, pero que seguro son más difíciles de filmar que la dinámica interna del bondi.
E: ¿Estás diciendo que los guionistas y directores latinoamericanos no viajan en bondi?
H: No, ni ahí. Es más, creo que es más probable que un director de cine uruguayo viaje en bondi a que los hermanos Coen lo hagan.
E: ¿Entonces cuál es tu teoría?
H: No tengo ninguna
E: ¿Cómo que no tenés ninguna teoría? ¿Y a qué viene todo este discurso?
H: No es un discurso, es una idea que me vino cuando bajé del bondi y la estoy analizando por primera vez con vos
E: Ah bien, entonces si algún día de esto sale una gran descubrimiento antropológico vamos cincuenta cincuenta en el reconocimiento

H: No sé, no le encuentro la explicación…
E: ¡Pará, me acordé!
H: ¿De qué?
E: ¿En "Whisky" no hay una escena que es arriba de un bondi?
H: ¡Creo que sí!
E: En realidad no me acuerdo si era en "Whisky" o en otra, pero estoy segura de que era uruguaya (creo)
H: Me pasa lo mismo ¿Segura que no es en "Whisky"? ¿La vieja no viaja a la fábrica o a la casa en bondi y la muestran contra la ventanilla mirando para afuera con cara de nada?
E: Siempre está con cara de nada
H: Si, pero acá está con cara de nada mirando por la ventana del bondi
E: ¿Y cuál es la diferencia?
H: En el caso particular de esta tipa, suponiendo que efectivamente hay una escena de bondi interpretada por ella (creo que se llamaba Marta en la película), la loca siempre tiene cara de nada, es verdad. Pero podría sacar a Marta y ponerte a vos, haciendo lo mismo, mirando para afuera, viajando en el bondi apoyando la cabeza en la ventana y con cara de nada.
E: Jaja, me siento muy identificada con esa imagen, varias veces viajé así, como una mutanta…
H: Mutante
E: No jodas, es lo mismo...

H: Creo que el bondi es el momento en el que más actividad mental hay en mi cerebro. Pienso al mismo tiempo en lo que tengo que hacer cuando llegue a casa, pienso en lo que me pasó en el día, en lo que voy a comer, escucho música, hay olor a chivo o a perfume, pero está lleno de olores, hay ruidos del motor, del engranaje, de la calle y los autos, están las charlas de la gente que forman como un murmullo, el guarda que grita, alguno que lo putea y el bondi entero sigue la discusión, tipos que tocan la guitarra, gente que vive en la calle que se sube a pedir monedas. Bastante seguido me pasa que estoy cerca de una mina linda y la miro haciéndome el gil, después me persigo, siento que la estoy poniendo incómoda de tanto mirarla, dejo de hacerlo, trato de evitarla y en una, sin querer, la miro y justo en ese preciso instante ella me mira, y pienso “mierda, hace rato que no la miro y justo cuando ella me mira voy y la miro, va a pensar que soy un pajero que no ha parado de mirarla”…
E: Jaja, te pasa de todo en el bondi
H: ¿A vos no?
E: Si, supongo que a mí también

H: ¿Será que nos da vergüenza nuestro transporte público y por eso no los mostramos?
E: Motivos los hay…

H: O capaz que nadie le da la importancia que yo le doy a las cosas que pasan cuando viajo en bondi…

E: Eso también puede ser…

lunes, 29 de julio de 2013

Mi hijo el payaso.

INT. PASILLO DE ESPERA HOSPITAL – DÍA

Pasillo de hospital. Poca decoración, paredes blancas, sillas de espera, un cuadro con una enfermera pidiendo silencio con el dedo sobre sus labios, un cartel de “prohibido fumar”.
Sobre una puerta un letrero reza “sala de partos”. Al fondo del pasillo un PAYASO sentado en medio de una fila de tres asientos, viste un colorido disfraz que contrasta con la neutralidad del entorno. Repiquetea los pies en el piso, tamborilea sobre las rodillas con los dedos de su mano derecha, mientras se come las uñas de la izquierda. Mira hacia la puerta. Se pone de pie, se acerca a ella, amaga a golpear pero se detiene, se muerde el puño, pega la vuelta y regresa a su asiento. Vuelve a pararse casi inmediatamente y esta vez, con paso más decidido, se acerca a la puerta de la sala de partos. Golpea una vez, espera, nadie responde. Insiste, nada. Vuelve a intentarlo, en esta ocasión con exagerada vehemencia.

Una ENFERMERA abre con brusquedad, mira seria al Payaso, dueña de un notorio enfado, viste enteramente de blanco a excepción de una pequeña cruz roja en su sombrero. El Payaso se encoje de hombros, baja la vista al suelo. La Enfermera sonríe, lo toma del hombro y (sin dejar de sonreír) lo lleva hasta su asiento. Se despide con una palmadita en el hombro. Regresa a la sala de partos.
El Payaso vuelve a repiquetear los pies en el suelo, a tamborilear con sus dedos y a comerse las uñas.

Saca de un bolsillo en su disfraz una caja de cigarros. Toma uno, lo coloca en su boca, pero antes de encenderlo levanta la vista y su mirada choca con el cartel de “prohibido fumar”.
El Payaso refunfuña, guarda el cigarro en la caja, y la caja en el bolsillo de donde salió.

Refunfuña de brazos cruzados. Repiquetea los pies, tamborilea con los dedos sobre sus rodillas, se come las uñas.
Vuelve a mirar el cartel de “prohibido fumar”, extiende hacia él su puño cerrado y levanta el dedo anular a medida que con la otra mano realiza una mímica simulando girar una manivela, dando la sensación que con este movimiento está poniendo en funcionamiento el gesto obsceno realizado.

Saca un cigarrillo, lo prende y comienza a fumar. Escuchamos unos pasos acercándose, se abre la puerta, la Enfermera atraviesa el pasillo de izquierda a derecha a paso acelerado y entra en una puerta sin letrero que enfrenta a la de la sala de partos. Al fondo vemos al Payaso, se para de golpe y trata de apagar el cigarro en la suela de su zapato. La Enfermera cruza el pasillo nuevamente, no lleva puesto el tapa bocas. Se detiene a mitad de su camino, comienza a olfatear el aire. Gira su cabeza hacia el Payaso, camina hacia él con paso firme y mirada inquisidora. Se detiene a su lado, comienza a olfatearlo, trata de oler a sus espaldas pero el Payaso gira evitándola, ella intenta tomarlo de un brazo pero el Payaso la esquiva. Cansada del juego la Enfermera detiene una mirada acusadora en los ojos del Payaso, gira y camina hacia la puerta de la sala de partos. A penas se aleja el Payaso fuma rápidamente las últimas dos o tres pitadas que le quedaban al cigarrillo que fue consumiéndose solo.

La Enfermera gira sobre su eje, sorprendiendo al Payaso, quien arroja el cigarro al suelo y disimula colocando su zapato sobre él.

La Enfermera, furiosa, camina enérgica hasta el Payaso. Éste permanece inmóvil, tieso como una estatua, aterrorizado. La Enfermera acerca su rostro al del Payaso, clava en él su mirada y señala efusivamente el cartel de “prohibido fumar”.
El Payaso continúa estático, la Enfermera sonríe con compasión, lo toma amablemente de un brazo, lo acerca hasta su asiento, vuelve a señalar el cartel de “prohibido fumar”, lo despide con una palmadita en el hombro y vuelve a ingresar a la sala de partos.

El Payaso repiquetea los pies en el piso, tamborilea los dedos sobre sus rodillas, se come las uñas. Observa el cartel de “prohibido fumar”, coloca la mano en su bolsillo sin apartar de vista del letrero, se detiene un segundo pensativo. Saca una bolsita transparente llena de globos. Toma uno color rojo, lo infla un poco, aprieta la boca del globo dejando escapar un poco de aire que provoca un molesto chiflido. El globo se desinfla por completo, vuelve a inflarlo. Cuando está lo suficientemente grande le hace un nudo y lo tira al techo. Acompaña con su mirada la lenta caída del globo hasta llegar a tocar el piso. Mira el cartel de “prohibido fumar”, sonríe sínicamente. Toma un globo naranja, lo infla, lo ata y lo tira al techo, lo observa caer.
Repite la acción con un globo amarillo, uno verde, uno azul y luego con varios globos de diferentes colores.

La Enfermera sale de la sala de partos con un bulto envuelto en sábanas. El suelo del pasillo está lleno de globos. El Payaso se pone de pie de un salto y esconde detrás de sí un globo a medio inflar. Permanece inmóvil mientras la Enfermera se acerca hacia él con paso enérgico y mirada intimidante. Se detiene con sus ojos justo enfrente de los del Payaso, a pocos centímetros de su rostro. El Payaso mira al suelo avergonzado. La Enfermera sonríe compasiva, el Payaso levanta la vista. Entre aquellas sábanas que trae la Enfermera está envuelto su hijo. La Enfermera le da al niño, el Payaso lo toma entre sus brazos con exagerado cuidado. Mira el bulto y luego a la Enfermera, ella sonríe y asiente con la cabeza.

El Payaso descubre el rostro del niño, es un bebé de juguete, lleva puesta una nariz roja.

El Payaso aprieta cariñosamente el bebé contra su pecho al tiempo que levanta la cara al cielo y festeja agitando un puño en alto.


jueves, 4 de julio de 2013

Radio La Colifata

Hospital Neuropsiquiátrico Dr. José Tiburcio Borda, 3 de agosto de 1991. En el patio del manicomio un grupo de pacientes se reúne en torno a una pequeña grabadora de cassette. Nace una luz en medio de un espacio lúgubre, "una prisión sin rejas, un depósito de alienados" (según la descripción dada por algunos de los pacientes en el documental de Carlos Larrondo LT22 Radio La Colifata). 

La Colifata, así bautizaron los protagonistas a la primera radio comunitaria en el mundo en emitir directamente desde un hospital psiquiátrico conducida por sus propios internos. La idea de Alfredo Olivera, por ese entonces estudiante de psicología, fue utilizar la herramienta radial como canalizador de la locura, creando un espacio para rescatar la subjetividad de la persona. 

La pérdida del lenguaje asociada a la psicosis es combatida gracias a la utilización del medio radial. Dadas las características de la dinámica de trabajo en Radio La Colifata, la persona puede participar abiertamente a partir de sus motivaciones, sabiendo que del otro lado existe un tercero como destinatario, alguien a quien llega su mensaje. 

Volver a hablar en nombre propio generó un beneficio casi inmediato a nivel terapéutico, paulatinamente y a ritmos diferentes, los protagonistas encontraron en la actividad radial un punto de anclaje para su recuperación, un tipo de terapia mucho más efectiva y benévola que la tradicional utilización de psicofármacos. 

Gracias a la retransmisión en diferentes  emisoras radiales y la donación de una antena para colocar en el hospital, la voz de los colifatos comenzó a "romper los muros". 

Al escuchar Radio La Colifata la construcción histórica de la locura en el imaginario social es destruida por completo, se reconstruye el concepto en los oyentes a partir de la voz de los pacientes. Los locos no están tan locos como creíamos, ni son esos seres peligrosos que los medios masivos se han dedicado a mostrar. Se combate el estigma revelando la otra cara de la demencia al tiempo que se denuncia las vergonzosas condiciones en las cuales vive el paciente psiquiátrico dada la pauperrima realidad de la salud mental argentina. 

La Colifata tiene su arista terapéutica y su arista comunicacional, ambas van de la mano, la radio funciona como herramienta de recuperación, reinserción social y desestigmatizante.

El proyecto que comenzó sin recursos técnicos, económicos y sin apoyo institucional, fue creciendo en el correr de los años gracias al trabajo constante de los protagonistas, el equipo de profesionales, voluntarios, colaboradores, padrinos y, sobre todo, gracias a la participación activa de oyentes y personas que visitan todos los sábados la fonoplatea asistiendo en vivo a la transmisión. 

El modelo de La Colifata es imitado hoy día en varias partes del mundo, en Uruguay, por ejemplo, existe hace unos quince años Radio Vilardevoz, la cual transmite todos los sábados desde el hospital Vilardebó. 

"La Colifata se transformó en herramienta potente que abrió espacios para trabajar el problema del estigma de la locura, a la vez que logró constituirse en un espacio clínico de inusitada potencia. Radio La Colifata no es sólo una radio, es un proyecto alterativo y deconstructor de sufrimientos. Es puente que conecta y nos hace "artistas" en la creación de condiciones para un  encuentro."  (http://lacolifata.openware.biz)

sábado, 22 de junio de 2013

El halcón Maltés (1941), de John Huston.

Labios rasgados sosteniendo un tabaco de costado, humedecidos con regularidad por alguna bebida espirituosa. Sombrero gacho inclinado. Mirada dura. Sonrisa sardónica. Colérico e indócil. Paradigma del antihéroe, Humphrey Bogart nació para interpretar a Sam Spade.

John Huston pensó en George Raft para el papel del detective, rol protagónico de su primera película: The maltes falcon. Raft se negó a trabajar con un director novato y Huston fue a por su segunda opción. 

Humphrey era un actor de teatro que comenzaba a hacerse un nombre en la industria cinematográfica luego de su papel en El bosque petrificado, película de 1936 en la que interpretó a Duke Mantee, un peligroso gunster a quien Bogart ya había representado en Broadway de manera brillante. 

A diferencia de Raft, a Bogart no pareció importarle demasiado la inexperiencia del director.

Me permito fantasear imaginando aquel encuentro. 

Estamos en el despacho del productor Hal B. Wallis en algún rincón de la gigantesca Warner Bros. En la sala se ha formado un triángulo con tres sillones oficiando de vértices. En uno Wallis, en otro Huston. En la punta de la flecha Humphrey Bogart. Su sombrero inclinado, su cara de piedra. Fuma mientras revuelve su vaso de café con cognac. Director y productor argumentan nerviosos, intentan convencerlo de que será una gran película. El actor presta poca atención. Regresa de golpe de su aparente ausencia, cortando el torrente de palabras de sus interlocutores con una carcajada maliciosa. De un trago bebe lo que le queda en el vaso, clava su mirada en los temblorosos ojos de Hal y pregunta sin rodeos ¿Cuánto dinero hay? En este momento Wallis y Huston escuchan por primera vez la voz de Sam Spade. Cerrado el trato Bogart se despide abandonando el despacho con una sonrisa endemoniada. ¿Cómo es que ésta no fue nuestra primera opción?, piensan los hombres que aún permanecen sentados cada uno en su respectivo sillón.


Huston trató de ceñirse lo más posible a los diálogos y situaciones de la novela, tarea para nada sencilla. Por más que se mantiene bastante fiel a la historia original, varían algunos aspectos importantes a nivel narrativo. Por ejemplo, cuando Brigid visita el despacho de Spade en la película es el propio Archer, sin que la mujer lo pida, quien se ofrece a ocuparse él mismo del caso. En el libro, por el contrario, Brigid  pide expresamente que uno de los dos detectives se encargue personalmente del trabajo. Éste es un detalle importante, constituye uno de los argumentos más fuerte que Spade menciona en el final al acusar a Brigid del asesinato de su socio. 


De todas maneras cuando se trata de adaptaciones, son aquellos que han leído el libro quienes se quejan y patalean por esta clase de cosas, donde el público que sólo ha visto la película parece no advertir falencia alguna.

Desde lo visual, las atmósferas creadas con los claros oscuros, los ambientes espesos, el aire viciado por humo de tabaco, la vista de San Francisco desde las ventanas del despacho del detective, la tipografía del letrero que reza Spade and Adler apareciendo invertida desde el escritorio de Sam, cada detalle del arte y la composición, enriquece la historia y retrata la esencia de lo escrito por Hummett.

Mientras su carrera comenzaba a declinar, George Raft veía arrepentido como The maltes falcon de Jhon Huston, estrenada en 1941, se convertía en un clásico de la cinematografía estadounidense y en obra génesis del cine negro.




Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.

Los por qué son inatrapables. Cuando parece que estamos a punto de abrazarlas, las verdades se escurren por entre nuestros brazos y de la aparente respuesta inicial descubrimos una pregunta aún mayor. 

Sabiendo que era imposible, comenzó de todos modos a escribir para tratar de entender el mundo. A sus ochenta y siete años, José Saramago reconoció que nunca logró aquel utópico objetivo. Sin embargo, como un doctor parado frente a una extraña enfermedad de la cual no conoce con precisión las causas, pudo sí dar un diagnóstico exacto de la actualidad, describiendo los síntomas que padecemos como sociedad valiéndose de alegorías fantásticas. 

Tras la insistencia del director brasileño Fernando Meirelles, el escritor luso cedió finalmente a otorgar los derechos para la primera adaptación cinematográfica de una de sus obras: Ensayo sobre la ceguera. El resultado fue Blindness, un drama de ciencia ficción protagonizado por Julianne Moore. 

La película mantiene esa perturbadora violencia que brota del Hombre al enfrentarse ante situaciones límites, aspecto intrínseco de la bajeza humana que forma parte de la esencia del libro. Pero como era de esperar, la versión de Meirelles no le llega ni a los talones al texto original. 

Todo transcurre en una ciudad cuya identidad jamás es revelada, podría tratarse de Montevideo, Lisboa o Nueva York. Tampoco sabemos como se llaman los personajes, su construcción psicológica es tan rica que sobra saber sus nombres.

Saramago fue un maestro destruyendo las estructuras narrativas clásicas. Literato, conocedor profundo de su lengua, se divirtió rompiendo todas y cada una de las reglas y consejos que suelen brindar a los alumnos los profesores de literatura. 

Párrafos casi infinitos. Subordinada tras subordinada los enunciados se vuelven largas hileras de caracteres consecutivos, filas de hormigas que demoran en llegar al punto final. Diálogos insertos en una oración sin comillas que los aíslen, sin aclararnos quién habla, empezando con mayúsculas después de una coma. 

Como en las Intermitencias de la muerte (donde de un día para el otro la parca decide dejar de trabajar) o en Ensayo sobre la lucidez (donde el 90% de los ciudadanos de una capital optan por votar en blanco poniendo en jaque al oficialismo y los demás partidos políticos), en Ensayo sobre la ceguera, una situación extraordinaria sirve de punto de partida para escudriñar en las profundidades del espíritu humano, exponiendo a la luz su lado más oscuro como también sus aspectos más nobles y sus mejores virtudes. 

Dueño de un pesimismo raro, Saramago agita las conciencias mostrándonos al mismo tiempo lo cerca que estamos del apocalipsis y de la salvación, caminando ciegos por una delgada línea divisoria.