- No me dejás escuchar
- ¿Querés que te traiga sal?
- No gracias, está bien...
- ¿Cómo me quedó?
- Bien, ya te dije...
- ¿Seguro que no querés que te traiga sal? No le puse porque no sabía si te gustaba con sal o no.
- Me gusta sin sal, está bien, gracias...
- ¿Mañana a qué hora te vas?
- ¡Quiero escuchar la entrevista! ¡Por favor!
- Te pregunto para saber si me despierto más temprano para hacerte el desayuno...
- Yo me lo hago no te hagas problema.
- Te lo hago yo, no me cuesta nada.
- A mí tampoco me cuesta nada.
- Pero yo te lo hago, decime a qué hora te levantás.
- ¡Estoy viendo la entrevista pero no puedo escuchar nada! ¡Por favor!
- ¡Bueno pero decime a qué hora te levantás y no te jodo más!
- Me levanto temprano, a las siete y media.
- Ay es muy temprano...
- Si.
- ¿Te molesta si mañana no te hago el desayuno?
- ¡Me molesta que no pares de hablar mientras trato de escuchar una entrevista!
- ¿Por qué me hablás así? ¡Te hago la comida, te quiero preparar el desayuno y te enojás!
- Perdón, ya sé, sos un amor, dejame escuchar esto, son diez minutos y van al corte.
- Bueno me levanto igual, supongo que despertándome a eso de las siete me da el tiempo para prepararte un juguito, un café con leche y unas tostadas con mermelada. El marido de Miriam fue a Colonia y le trajo como cuatro bollones con mermeladas de diferentes sabores. Hoy pasó de tarde Miriam a tomar unos mates y me trajo un par de vasitos de requeson rellenos con mermelada, uno con una de duraznos y otra de una fruta rara que dice Miriam que es buenísima para todo, aranda se llama, es como la fambruesa pero violeta dice.
- Arándanos.
- ¿Lo qué?
- ¡Arándanos, arándanos!
- ¿Qué cosa decís? ¡Ay no te entiendo!
- ¡Debe ser mermelada de arándanos no de "aranda"!
- Ah sí, es de eso, de aranda.
- ¡Arándanos!
- Sí eso. Ah mirá, se fueron al corte, ahora sí, decime, ¿querés que te traiga sal?
domingo, 10 de noviembre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
M'HIJO EL PAYASO (versión hardcore)
INT. SALA DE ESPERA SALA DE PARTOS –
NOCHE
Sala de
espera de un hospital en ruinas. Un PAYASO (27) camina nervioso de un lado a
otro. Lleva puesta una enorme nariz roja y un gorro de aviador. Viste saco de
leñador, pantalones de jean calzados por encima del ombligo, sostenidos por un
par de tiradores azules que cruzan por delante de una remera lisa naranja. Zapatos
marrones. El PAYASO detiene su andar, mira a derecha hacia una puerta
ancha de un blanco percudido con un letrero que reza “SALA DE PARTOS”. Junto a
la puerta dos carteles: uno de una NURSE (30) de mirada dulce pidiendo silencio
con su dedo índice; el otro un oxidado “PROHIBIDO FUMAR”. Nervioso saca un paquete de tabaco y hojillas.
Comienza a armar, pasa la lengua, saca una cajilla de fósforos pero antes de prender
el cigarrillo escucha que alguien le chista. Vuelve a mirar a derecha, esta vez
enfoca su vista en la NURSE del cartel Su postura ha cambiado, su entrecejo
está fruncido, sus labios apretados, su dedo señala a izquierda. El PAYASO (aún
con el cigarrillo en la boca) se refriega los ojos con la manga del saco, no
puede creer lo que está viendo. Recorre con la mirada en la dirección indicada
por el dedo de la NURSE, ésta señala el cartel de “PROHIBIDO FUMAR”. El PAYASO,
atónito, desarma con los dedos el cigarrillo mientras observa caer el tabaco al
suelo. Se escucha la puerta abrir y gritos de mujer antes de que vuelva a
cerrarse. El PAYASO gira la cabeza de inmediato, apunta sus ojos hasta la
puerta de la sala de partos y sale hacia ella disparado. Una ENFERMERA (27) aparece
recostada contra la puerta, se la ve agobiada. Lleva puesto un tapabocas, un
sombrero de nurse, su uniforme percudido (pantalón y túnica). El PAYASO se
acerca, se quita el gorro (vemos que está peinado con gel hacia atrás),
tamborilea sobre él con dedos nerviosos, mira a la ENFERMERA, le habla pero de
su boca sale un gracioso e inentendible chiflido.
SUBTÍTULOS PAYASO
¿Alguna noticia de mi pibe?
La
ENFERMERA lo mira extrañada, se baja el tapabocas, saca del bolsillo de su
túnica una petaca de whisky, bebe un sorbo y vuelve a entrar a la sala. Se
escuchan los gritos, el PAYASO trata de espiar hacia adentro. La puerta se
cierra.
El PAYASO
mira enfadado el cartel de la NURSE (volvió a su posición inicial). Saca su tabaco y sus hojillas, se arma un
cigarro. La NURSE vuelve a chistar. El PAYASO la mira, la NURSE señala el
“PROHIBIDO FUMAR”. El PAYASO saca el cigarro de su boca, de inmediato se coloca
de perfil, acerca su mano cerrada a sus labios y comienza a soplar como si
estuviese inflando su puño. A medida que sopla su dedo mayor se levanta hasta
quedar bien paradito, apuntando a la NURSE en claro gesto obsceno. El PAYASO le
dirige una mirada desafiante, vuelve a colocar el cigarro en su boca, saca sus
fósforos y lo enciende. La NURSE cambia nuevamente de postura, ahora sus manos
forman un arco alrededor de su boca, como si estuviese hablando al tiempo que
amplifica lo que dice. Por los altavoces se escucha la voz de la NURSE.
NURSE (OFF)
Enfermera Beatriz Galván presentarse en sala de espera. Enfermera
Beatriz Galván presentarse en sala de espera. Gracias.
La
ENFERMERA entra en la sala de espera, se escuchan jadeos de mujer los cuales
cesan al cerrar la puerta de la sala de partos. El PAYASO gira dándole la
espalda, continúa con el cigarrillo en la boca, pita nervioso. Detrás de sí la
ENFERMERA olfatea el aire, dirige una mirada inquisidora hacia el PAYASO y
camina enérgica hacia él. Lo voltea del hombro. Quedan cara a cara. El PAYASO
se mantiene inmóvil, sonríe como sí nada. La ENFERMERA se baja el tapabocas, lo
observa con rostro de piedra, inexpresiva, le saca el cigarro de la boca, fuma
una pitada profunda, lo tira al suelo y aplasta. Escupe el humo al PAYASO,
quien tose torpemente. La ENFERMERA entra a la sala de partos. El PAYASO, con
los labios caídos y las cejas curvadas hacia abajo mira a la NURSE, quien ha
vuelto a su posición inicial.
El PAYASO
camina nervioso de un lado a otro, detiene su andar, lleva nuevamente la mano
al bolsillo de donde antes sacó su tabaco. Siente un chistido. La NURSE señala
nuevamente el cartel de PROHIBIDO FUMAR. El PAYASO se detiene, acaricia su
mentón pensativo, mira el cartel de la NURSE, sonríe irónico y busca en su otro
bolsillo. Esta vez en lugar de tabaco saca un globo color azul. Comienza a
inflarlo, cuando va por la mitad aprieta los bordes del orificio por donde se
infla, dejando escapar un molesto silbido. La NURSE vuelve a pedir silencio, ahora
con mirada furiosa. El PAYASO infla el globo y cuando está lo suficientemente
grande lo ata y deja caer al suelo. Acompaña la caída con la mirada, ríe
ansioso. Repite la acción con infinidad de globos de diferentes colores.
La
ENFERMERA sale de la sala de partos con un bulto envuelto en sábanas. El PAYASO
suelta un globo a medio inflar, camina acelerado hasta la ENFERMERA, se para de
golpe, no aparta la mirada del bulto y con los dedos tamborilea nervioso sobre
su gorro. La ENFERMERA mira a su alrededor espantada, ¡toda la sala de espera
está llena de globos! Da el bulto al PAYASO como quien pasa una bolsa de papas.
El PAYASO comienza a hablar eufórico, de su boca vuelve a salir ese gracioso
chiflido.
SUBTÍTULOS PAYASO
¡Mi hijo, al fin! ¡Soy padre, soy padre!
La ENFERMERA parece haberse vuelto loca,
aplasta los globos tras el PAYASO, quien corre las sábanas descubriendo a su
HIJO. El HIJO tiene la cara pintada de blanco con una lágrima negra bajo un
ojo, lleva un bombín oscuro, camisa blanca y moño rojo. El PAYASO comienza a
chiflar angustiado.
SUBTÍTULOS PAYASO
¡Pero este niño no es un payaso, es un mimo! ¡Es un mimo!
El PAYASO mira a su alrededor con el
HIJO en brazos, chifla desesperado.
SUBTÍTULOS
¡Che este pibe no es mío! ¡Este pibe no es mío! ¡No es mío. No es míoooooooooooooo!
El cartel de la NURSE, una vez más, ha
cambiado de postura, ahora sonríe maléfica mientras hace cuernitos con una mano
sobre su cabeza.
FIN
CRÉDITOS
Al finalizar el corto, mientras pasan
los créditos vemos subtítulos en la zona inferior de la pantalla.
SUBTÍTULOS
El tipo era payaso, pero el hijo le salió mimo. O sea, la mujer lo cagó.
Para mí el final se entiende, pero el director me pidió que les explicara por
las dudas. Me llamo Victor, soy el señor de los subtítulos, tengo 40, mido 1-68,
ojos verdes, vivo en la Unión. Busco mujer entre 20 y 50 para relación seria.
jueves, 1 de agosto de 2013
Charla de dos tipos que no saben nada
LUIS- No me siento capacitado para votar la aprobación o no
del asunto.
NACHO- ¿Por qué lo decís?
L- ¡No tenemos datos!
N- ¡Sobran datos, pero hay que buscar, informarse!
L- Te estoy hablando de datos crudos, sin interpretación
mediante. Capaz que podés conseguir datos fiables pero si investigás
profundamente y por tu cuenta. Incluso así veo complicado que yo pueda llegar a
sentirme capacitado para decidir en un asunto como este.
N- ¿Decís que con los datos que podés recoger de los
informativos, los diarios, las radios y de internet, no podés colocarte en un
punto medio entre una postura y otra y llegar a razonamientos y conclusiones
más objetivas?
L- Hacer eso sería una especulación y nada más que eso, el
punto medio entre una postura y otra no tiene por qué ser lo más cercano a la
realidad, y si así lo fuera de todos modos seguiría sin ser la verdad en sí
misma. No podés confiar en lo que sale en los medios, el periodista es un
empleado que trabaja para una empresa, la empresa vive en gran medida de la
publicidad, es decir, el periodista no habla por él, habla por la empresa y la
empresa a su vez debe hablar por las corporaciones que la financian. Si yo te banco el alquiler de tu almacén y vos
ponés un cartel en la entrada que dice “Luis le pega a su mujer”, me estás
perjudicando, me van a meter en cana por tu cumpla, lo más lógico es que te deje
de pagar el alquiler (y que aparte te mande pegar). Es una locura, pero no
estoy diciendo nada que nadie sepa si digo que los medios masivos tienen
intereses creados a la hora de largar la información, intereses económicos y
políticos. Pensá otra cosa, ¿de dónde se saca la plata para las campañas
políticas? Algún subsidio tendrán, pero nada de todo eso es gratis. Los
militantes no financian las campañas políticas, podrán aportar o no, ¿pero
cuánto? Nada, o casi nada ¿Sabés cuánto sale el segundo al aire en la tanda
comercial en hora pico?
N- No ¿cuánto?
L- Ni idea, pero seguro que carísimo.
N- Si, seguro, y esa plata para las campañas sale también de
las corporaciones
L- Ni idea, pero de algún lado tiene que salir tanta guita
para televisión, radio, cartelería, y si la guita no sale de los militantes ni
del bolsillo de los políticos…
N- Ojo, capaz que los políticos ponen guita para las
campañas
L- Poner deben de poner, supongo, algo aunque sea, pero
estamos hablando de mucha guita, campañas a nivel país, con más presencia en
los medios que un shopping que acaba de abrir ¡No seas malo, es mucha guita, ni
Coca Cola hace campañas a esas escalas en un sólo país!
N- Seguro hay empresas que financian las campañas.
L- ¿Y por qué? ¿Por ideología? ¿Hay empresarios ricos y de
izquierda? Porque alguien financia también las campañas de izquierda ¿Cómo se
puede ser de izquierda y rico al mismo tiempo sin caer en la contradicción?
N- Volviendo al tema de los datos y esa cuestión ¿Qué pasa
con internet? Ahí depende de uno hacerse con la información y poder discriminar
que es fiable y que no.
L- Claro, internet por el momento está bastante
democratizado, igual se hace difícil conseguir fuentes fiables, aunque las
encontraras ¿cómo harías para comprobar realmente su fiabilidad? Además
reconocer o no la fiabilidad de una fuente de información depende también de la
persona, mi hermano, por ejemplo, llega a ver en youtube un tipo disfrazado de
doctor diciendo que la masturbación causa daños cerebrales permanentes y se
deja de hacer la paja.
L- Jaja, es cierto, hay mucha información en internet, es
difícil elegir que tomar en serio con tanta cosa junta, ni hablemos si tus
parámetros más altos de fiabilidad están delimitados por el “Yahoo Respuestas”.
N- ¿Me entendés ahora?
L- Si, es verdad, creo que yo tampoco estoy capacitado para
votar.
N- Ojo, capaz que hay gente que lo está, gente que tiene la
posta…
L- Y nosotros somos tremendos giles…
N- Lo somos
miércoles, 31 de julio de 2013
Charla al bajar de un bondi
HUGO: ¿Te diste cuánta la cantidad de cosas que pasan en un
bondi?
ELIANA: Si, de todo
H: ¿Por qué casi no se ven escenas ni en cine ni en
televisión que pasen arribe de un bondi?
E: En las películas yankees y europeas se ven bastantes
escenas en estaciones y en trenes o subtes
H: Pero en las comedias venezolanas, mexicanas, en las
brasileras o las argentinas, ¿cuántas
escenas arriba de un tren has visto?
E: No sé, no me he fijado, pero unas cuantas supongo
H: No, ni ahí, estoy seguro que casi no existen ni bondis ni
trenes en el cine latinoamericano y mucho menos en la tele
E: No sé, nunca presté atención
H: Creme, es así, hay miles de escenas de charlas arriba de un taxi o en autos, pero no en bondis ni en trenes ni en subtes. Me acuerdo de "Onibus 174", la película brasilera, pero ahí el tema no pasa por la dinámica diaria del bondi...
E: Capaz que se complica porque en Latinoamérica viaja mucha
más gente en trenes, no se puede parar el recorrido de un tren para una
filmación, y grabar en un bondi te deja con muy poco espacio para luces y esas
cosas.
H: ¿Y por qué no graban de noche cuando los trenes están
apagados?
E: Yo que sé
H: Otra cosa, grabar en un bondi no debe ser lo más cómodo
del mundo, pero en el cine y la televisión latinoamericana hay escenas de
acción, baleadas, persecuciones, miles de momentos que fueron filmados en baños
diminutos, y un montón de otras cosas, que ahora no me vienen a la mente, pero
que seguro son más difíciles de filmar que la dinámica interna del bondi.
E: ¿Estás diciendo que los guionistas y directores
latinoamericanos no viajan en bondi?
H: No, ni ahí. Es más, creo que es más probable que un
director de cine uruguayo viaje en bondi a que los hermanos Coen lo hagan.
E: ¿Entonces cuál es tu teoría?
H: No tengo ninguna
E: ¿Cómo que no tenés ninguna teoría? ¿Y a qué viene todo
este discurso?
H: No es un discurso, es una idea que me vino cuando bajé
del bondi y la estoy analizando por primera vez con vos
E: Ah bien, entonces si algún día de esto sale una gran
descubrimiento antropológico vamos cincuenta cincuenta en el reconocimiento
H: No sé, no le encuentro la explicación…
E: ¡Pará, me acordé!
H: ¿De qué?
E: ¿En "Whisky" no hay una escena que es arriba de un bondi?
H: ¡Creo que sí!
E: En realidad no me acuerdo si era en "Whisky" o en otra,
pero estoy segura de que era uruguaya (creo)
H: Me pasa lo mismo ¿Segura que no es en "Whisky"? ¿La vieja
no viaja a la fábrica o a la casa en bondi y la muestran contra la ventanilla
mirando para afuera con cara de nada?
E: Siempre está con cara de nada
H: Si, pero acá está con cara de nada mirando por la ventana
del bondi
E: ¿Y cuál es la diferencia?
H: En el caso particular de esta tipa, suponiendo que
efectivamente hay una escena de bondi interpretada por ella (creo que se
llamaba Marta en la película), la loca siempre tiene cara de nada, es verdad.
Pero podría sacar a Marta y ponerte a vos, haciendo lo mismo, mirando para
afuera, viajando en el bondi apoyando la cabeza en la ventana y con cara de
nada.
E: Jaja, me siento muy identificada con esa imagen, varias
veces viajé así, como una mutanta…
H: Mutante
E: No jodas, es lo mismo...
H: Creo que el bondi es el momento en el que más actividad
mental hay en mi cerebro. Pienso al mismo tiempo en lo que tengo que hacer
cuando llegue a casa, pienso en lo que me pasó en el día, en lo que voy a
comer, escucho música, hay olor a chivo o a perfume, pero está lleno de olores,
hay ruidos del motor, del engranaje, de la calle y los autos, están las charlas
de la gente que forman como un murmullo, el guarda que grita, alguno que lo
putea y el bondi entero sigue la discusión, tipos que tocan la guitarra, gente
que vive en la calle que se sube a pedir monedas. Bastante seguido me pasa que
estoy cerca de una mina linda y la miro haciéndome el gil, después me persigo,
siento que la estoy poniendo incómoda de tanto mirarla, dejo de hacerlo, trato
de evitarla y en una, sin querer, la miro y justo en ese preciso instante ella me
mira, y pienso “mierda, hace rato que no la miro y justo cuando ella me mira voy
y la miro, va a pensar que soy un pajero que no ha parado de mirarla”…
E: Jaja, te pasa de todo en el bondi
H: ¿A vos no?
E: Si, supongo que a mí también
H: ¿Será que nos da vergüenza nuestro transporte público y
por eso no los mostramos?
E: Motivos los hay…
H: O capaz que nadie le da la importancia que yo le doy a
las cosas que pasan cuando viajo en bondi…
E: Eso también puede ser…
lunes, 29 de julio de 2013
Mi hijo el payaso.
INT. PASILLO DE ESPERA HOSPITAL – DÍA
Pasillo de
hospital. Poca decoración, paredes blancas, sillas de espera, un cuadro con una
enfermera pidiendo silencio con el dedo sobre sus labios, un cartel de “prohibido
fumar”.
Sobre una
puerta un letrero reza “sala de partos”. Al fondo del pasillo un PAYASO sentado
en medio de una fila de tres asientos, viste un colorido disfraz que contrasta
con la neutralidad del entorno. Repiquetea los pies en el piso, tamborilea
sobre las rodillas con los dedos de su mano derecha, mientras se come las uñas
de la izquierda. Mira hacia la puerta. Se pone de pie, se acerca a ella, amaga
a golpear pero se detiene, se muerde el puño, pega la vuelta y regresa a su
asiento. Vuelve a pararse casi inmediatamente y esta vez, con paso más
decidido, se acerca a la puerta de la sala de partos. Golpea una vez, espera,
nadie responde. Insiste, nada. Vuelve a intentarlo, en esta ocasión con
exagerada vehemencia.
Una
ENFERMERA abre con brusquedad, mira seria al Payaso, dueña de un notorio enfado,
viste enteramente de blanco a excepción de una pequeña cruz roja en su sombrero.
El Payaso se encoje de hombros, baja la vista al suelo. La Enfermera sonríe, lo
toma del hombro y (sin dejar de sonreír) lo lleva hasta su asiento. Se despide
con una palmadita en el hombro. Regresa a la sala de partos.
El Payaso
vuelve a repiquetear los pies en el suelo, a tamborilear con sus dedos y a
comerse las uñas.
Saca de un
bolsillo en su disfraz una caja de cigarros. Toma uno, lo coloca en su boca,
pero antes de encenderlo levanta la vista y su mirada choca con el cartel de
“prohibido fumar”.
El Payaso
refunfuña, guarda el cigarro en la caja, y la caja en el bolsillo de donde
salió.
Refunfuña de
brazos cruzados. Repiquetea los pies, tamborilea con los dedos sobre sus
rodillas, se come las uñas.
Vuelve a
mirar el cartel de “prohibido fumar”, extiende hacia él su puño cerrado y
levanta el dedo anular a medida que con la otra mano realiza una mímica
simulando girar una manivela, dando la sensación que con este movimiento está
poniendo en funcionamiento el gesto obsceno realizado.
Saca un
cigarrillo, lo prende y comienza a fumar. Escuchamos unos pasos acercándose, se
abre la puerta, la Enfermera atraviesa el pasillo de izquierda a derecha a paso
acelerado y entra en una puerta sin letrero que enfrenta a la de la sala de
partos. Al fondo vemos al Payaso, se para de golpe y trata de apagar el cigarro
en la suela de su zapato. La Enfermera cruza el pasillo nuevamente, no lleva
puesto el tapa bocas. Se detiene a mitad de su camino, comienza a olfatear el aire.
Gira su cabeza hacia el Payaso, camina hacia él con paso firme y mirada
inquisidora. Se detiene a su lado, comienza a olfatearlo, trata de oler a sus
espaldas pero el Payaso gira evitándola, ella intenta tomarlo de un brazo pero
el Payaso la esquiva. Cansada del juego la Enfermera detiene una mirada
acusadora en los ojos del Payaso, gira y camina hacia la puerta de la sala de
partos. A penas se aleja el Payaso fuma rápidamente las últimas dos o tres
pitadas que le quedaban al cigarrillo que fue consumiéndose solo.
La Enfermera
gira sobre su eje, sorprendiendo al Payaso, quien arroja el cigarro al suelo y
disimula colocando su zapato sobre él.
La Enfermera,
furiosa, camina enérgica hasta el Payaso. Éste permanece inmóvil, tieso como
una estatua, aterrorizado. La Enfermera acerca su rostro al del Payaso, clava
en él su mirada y señala efusivamente el cartel de “prohibido fumar”.
El Payaso
continúa estático, la Enfermera sonríe con compasión, lo toma amablemente de un
brazo, lo acerca hasta su asiento, vuelve a señalar el cartel de “prohibido
fumar”, lo despide con una palmadita en el hombro y vuelve a ingresar a la sala
de partos.
El Payaso
repiquetea los pies en el piso, tamborilea los dedos sobre sus rodillas, se
come las uñas. Observa el cartel de “prohibido fumar”, coloca la mano en su
bolsillo sin apartar de vista del letrero, se detiene un segundo pensativo. Saca
una bolsita transparente llena de globos. Toma uno color rojo, lo infla un
poco, aprieta la boca del globo dejando escapar un poco de aire que provoca un
molesto chiflido. El globo se desinfla por completo, vuelve a inflarlo. Cuando
está lo suficientemente grande le hace un nudo y lo tira al techo. Acompaña con
su mirada la lenta caída del globo hasta llegar a tocar el piso. Mira el cartel
de “prohibido fumar”, sonríe sínicamente. Toma un globo naranja, lo infla, lo
ata y lo tira al techo, lo observa caer.
Repite la
acción con un globo amarillo, uno verde, uno azul y luego con varios globos de
diferentes colores.
La Enfermera
sale de la sala de partos con un bulto envuelto en sábanas. El suelo del
pasillo está lleno de globos. El Payaso se pone de pie de un salto y esconde detrás
de sí un globo a medio inflar. Permanece inmóvil mientras la Enfermera se
acerca hacia él con paso enérgico y mirada intimidante. Se detiene con sus ojos
justo enfrente de los del Payaso, a pocos centímetros de su rostro. El Payaso
mira al suelo avergonzado. La Enfermera sonríe compasiva, el Payaso levanta la
vista. Entre aquellas sábanas que trae la Enfermera está envuelto su hijo. La
Enfermera le da al niño, el Payaso lo toma entre sus brazos con exagerado cuidado.
Mira el bulto y luego a la Enfermera, ella sonríe y asiente con la cabeza.
El Payaso
descubre el rostro del niño, es un bebé de juguete, lleva puesta una nariz
roja.
El Payaso
aprieta cariñosamente el bebé contra su pecho al tiempo que levanta la cara al
cielo y festeja agitando un puño en alto.
jueves, 4 de julio de 2013
Radio La Colifata
Hospital Neuropsiquiátrico Dr. José Tiburcio Borda, 3 de agosto de 1991. En el patio del manicomio un grupo de pacientes se reúne en torno a una pequeña grabadora de cassette. Nace una luz en medio de un espacio lúgubre, "una prisión sin rejas, un depósito de alienados" (según la descripción dada por algunos de los pacientes en el documental de Carlos Larrondo LT22 Radio La Colifata).
La Colifata, así bautizaron los protagonistas a la primera radio comunitaria en el mundo en emitir directamente desde un hospital psiquiátrico conducida por sus propios internos. La idea de Alfredo Olivera, por ese entonces estudiante de psicología, fue utilizar la herramienta radial como canalizador de la locura, creando un espacio para rescatar la subjetividad de la persona.
La pérdida del lenguaje asociada a la psicosis es combatida gracias a la utilización del medio radial. Dadas las características de la dinámica de trabajo en Radio La Colifata, la persona puede participar abiertamente a partir de sus motivaciones, sabiendo que del otro lado existe un tercero como destinatario, alguien a quien llega su mensaje.
Volver a hablar en nombre propio generó un beneficio casi inmediato a nivel terapéutico, paulatinamente y a ritmos diferentes, los protagonistas encontraron en la actividad radial un punto de anclaje para su recuperación, un tipo de terapia mucho más efectiva y benévola que la tradicional utilización de psicofármacos.
Gracias a la retransmisión en diferentes emisoras radiales y la donación de una antena para colocar en el hospital, la voz de los colifatos comenzó a "romper los muros".
Al escuchar Radio La Colifata la construcción histórica de la locura en el imaginario social es destruida por completo, se reconstruye el concepto en los oyentes a partir de la voz de los pacientes. Los locos no están tan locos como creíamos, ni son esos seres peligrosos que los medios masivos se han dedicado a mostrar. Se combate el estigma revelando la otra cara de la demencia al tiempo que se denuncia las vergonzosas condiciones en las cuales vive el paciente psiquiátrico dada la pauperrima realidad de la salud mental argentina.
La Colifata tiene su arista terapéutica y su arista comunicacional, ambas van de la mano, la radio funciona como herramienta de recuperación, reinserción social y desestigmatizante.
El proyecto que comenzó sin recursos técnicos, económicos y sin apoyo institucional, fue creciendo en el correr de los años gracias al trabajo constante de los protagonistas, el equipo de profesionales, voluntarios, colaboradores, padrinos y, sobre todo, gracias a la participación activa de oyentes y personas que visitan todos los sábados la fonoplatea asistiendo en vivo a la transmisión.
El modelo de La Colifata es imitado hoy día en varias partes del mundo, en Uruguay, por ejemplo, existe hace unos quince años Radio Vilardevoz, la cual transmite todos los sábados desde el hospital Vilardebó.
"La Colifata se transformó en herramienta potente que abrió espacios para trabajar el problema del estigma de la locura, a la vez que logró constituirse en un espacio clínico de inusitada potencia. Radio La Colifata no es sólo una radio, es un proyecto alterativo y deconstructor de sufrimientos. Es puente que conecta y nos hace "artistas" en la creación de condiciones para un encuentro." (http://lacolifata.openware.biz)
sábado, 22 de junio de 2013
El halcón Maltés (1941), de John Huston.
Labios rasgados sosteniendo un
tabaco de costado, humedecidos con regularidad por alguna bebida espirituosa.
Sombrero gacho inclinado. Mirada dura. Sonrisa sardónica. Colérico e indócil.
Paradigma del antihéroe, Humphrey Bogart nació para interpretar a Sam Spade.
John Huston pensó en George Raft
para el papel del detective, rol protagónico de su primera película: The maltes falcon. Raft se
negó a trabajar con un director novato y Huston fue a por su segunda
opción.
Humphrey era un actor de teatro
que comenzaba a hacerse un nombre en la industria cinematográfica luego de su
papel en El bosque
petrificado, película de 1936
en la que interpretó a Duke Mantee, un peligroso gunster a quien Bogart ya
había representado en Broadway de manera brillante.
A diferencia de Raft, a Bogart no
pareció importarle demasiado la inexperiencia del director.
Me permito fantasear imaginando
aquel encuentro.
Estamos en el despacho del
productor Hal B. Wallis en algún rincón de la gigantesca Warner Bros. En la
sala se ha formado un triángulo con tres sillones oficiando de vértices. En uno
Wallis, en otro Huston. En la punta de la flecha Humphrey Bogart. Su sombrero
inclinado, su cara de piedra. Fuma mientras revuelve su vaso de café con
cognac. Director y productor argumentan nerviosos, intentan convencerlo de que
será una gran película. El actor presta poca atención. Regresa de golpe de su
aparente ausencia, cortando el torrente de palabras de sus interlocutores con
una carcajada maliciosa. De un trago bebe lo que le queda en el vaso, clava su
mirada en los temblorosos ojos de Hal y pregunta sin rodeos ¿Cuánto dinero hay? En este
momento Wallis y Huston escuchan por primera vez la voz de Sam Spade. Cerrado
el trato Bogart se despide abandonando el despacho con una sonrisa endemoniada. ¿Cómo
es que ésta no fue nuestra primera opción?, piensan
los hombres que aún permanecen sentados cada uno en su respectivo sillón.
Huston trató de ceñirse lo más
posible a los diálogos y situaciones de la novela, tarea para nada sencilla.
Por más que se mantiene bastante fiel a la historia original, varían algunos
aspectos importantes a nivel narrativo. Por ejemplo, cuando Brigid visita el
despacho de Spade en la película es el propio Archer, sin que la mujer lo pida,
quien se ofrece a ocuparse él mismo del caso. En el libro, por el contrario,
Brigid pide expresamente que uno de los
dos detectives se encargue personalmente del trabajo. Éste es un detalle
importante, constituye uno de los argumentos más fuerte que Spade menciona en
el final al acusar a Brigid del asesinato de su socio.
De todas maneras cuando se trata
de adaptaciones, son aquellos que han leído el libro quienes se quejan y
patalean por esta clase de cosas, donde el público que sólo ha visto la
película parece no advertir falencia alguna.
Desde lo visual, las atmósferas
creadas con los claros oscuros, los ambientes espesos, el aire viciado por humo
de tabaco, la vista de San Francisco desde las ventanas del despacho del
detective, la tipografía del letrero que reza Spade
and Adler apareciendo invertida
desde el escritorio de Sam, cada detalle del arte y la composición, enriquece
la historia y retrata la esencia de lo escrito por Hummett.
Mientras
su carrera comenzaba a declinar, George Raft veía arrepentido como The
maltes falcon de Jhon Huston, estrenada
en 1941, se convertía en un clásico de la cinematografía estadounidense y en obra génesis del cine
negro.
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